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Los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba son un incendio que se propaga a velocidad de vértigo desde que aquel febrero de 2018 «El salto del gitano» nos reventara los esquemas. Sevilla ha parido a los capitanes de la kinkidelia, un culto propio donde el rock más crudo se abraza con la psicodelia y el espíritu macarra. Su ascenso ha sido un ejercicio vertiginoso: del underground al Premio Ruido al Mejor Álbum Nacional, pasando por colaboraciones con tótems como Kiko Veneno o Rocío Márquez y asaltando los platós de la resistencia cultural. Son la regeneración necesaria del rock nacional. Incluso cuando el mundo se detuvo, ellos aceleraron, poniendo banda sonora al cine quinqui moderno en Las leyes de la frontera y facturando himnos generacionales. En su sonido, el hilo negro de la tradición se entrelaza con una distorsión que huele a asfalto.