cantes-malditos-bn

Cantes Malditos es uno de esos accidentes geográficos que acaban dibujando un paisaje nuevo y fascinante en el mapa del flamenco más sombrío. El proyecto nace de un plantón inesperado y una llamada vecinal: cuando el cantaor Antonio Fernández se quedó huérfano de cuerdas en mitad de una grabación, el productor José Sánchez invocó a Pedro de Dios (el cerebro tras el blues pantanoso de Guadalupe Plata) para salvar los muebles. Lo que empezó como un rescate de urgencia mutó en una colisión química entre dos mundos que se necesitaban sin saberlo. Bajo el nombre de Cantes Malditos, el dúo se sumerge en las profundidades de la seguiriya, la zambra y la petenera, rindiendo pleitesía a mitos como La Niña de los Peines desde una óptica cruda y extraordinariamente sugerente. No es solo fusión; es una excavación arqueológica en busca de la oscuridad compartida entre el blues y el quejío más ancestral.

Un exorcismo sonoro.